Un año ha...

 A veces me gustaría saber si las maneras que conozco de aislarme de la realidad atroz 

son en realidad un refugio  o una manera de intentar adaptarme a ella padeciendo el menor dolor posible. 


Si entendemos que al mundo hemos venido única y exclusivamente a sufrir, sin valorar las esencias, los pequeños detalles que nos hacen felices sin ser conscientes ¿Qué sentido tiene? 


Quizás ese sentido no existe:

hemos decidido que todo tiene que tener un camino que sigue libros ya escritos. 


Puede que todas las respuestas se encuentren en esa ausencia,  lo que no se impone es lo que aporta a la vida su calidad de milagro, sin que haya mano de Santo ni Dios (con sus múltiples nombres) de por medio. 


El saber que estamos de paso debería dotarnos de prisa, de ganas de hacer lo que nos causa mariposas en el estómago, por lo que nos hace sentirnos vivos de puertas para adentro,

no para ser esclavos del reloj desde que nos levantamos sin tiempo para ver el amanecer. 


Son las pequeñas acciones las que cambian el mundo, porque “nada hay más poderoso que una idea”:


la única idea inamovible con la que convivo es que el sol saldrá mañana.  

El resto es prescindible. 


Si me aferro a algo, es a lo que se mantiene ardiendo dentro de ese reloj, 

no somos de donde no da pasado el tiempo,  


si no de donde se pasa tan rápido que parece que huye, 

recordándonos que nuestro tránsito es efímero. 


Ahí es. Ahí soy.

PUNTO Y COMA

 Si pudiese cantar la tristeza y dejarla salir en lugar de anudarme la garganta,

supongo que llevaría mejor los domingos e incluso los lunes.

Desde el odio profundo que le profeso a este día de la semana, 

reivindico una vida en la que el comienzo se transforme en alegría.

Por amanecer un día más, porque todo está por venir.


No quiero sentir que pasan los años y sigo esperando;

al sábado, al principio de mes, al cambio,

al estallido, a que alguien descubra todo lo que se esconde 

detrás de mis ojos inundados de mar.

Nadie va a venir a buscarme detrás de este muro.


Hay que derribarlo.


Lo siguiente era un pero y una coma, y me niego.


Me niego al pero.

Nunca me han gustado las afirmaciones que prosiguen de esa conjunción y una coma.


Prefiero un punto. Da igual si seguido 

o aparte.


Quizás mejor ninguno de los dos,

y sí un punto de partida.

ARDERSE



Todas mis letras creen firmemente 


en el poder de la esperanza


aunque estén inundadas de tristeza.



El mundo se me hace a veces insostenible,

por eso intento separarme de él:

mi cabeza delira y mi mente se ausenta

de una realidad que la asfixia.



De estos momentos convulsos,

me quedo con el ápice de despertar

que encuentro en ellos:


ver con claridad

de donde vengo,

asumir donde estoy

quién soy



una vez pasada la tormenta

todo eso se disipa

entre rutina

y arena:



la vida se ha convertido en lo excepcional




esta hoguera en mi pecho

no se apagará mientras espero

a las señales que me indiquen el camino:



perder el miedo a quemarme es la única salida

¿Cómo estás?

Ahondemos:

estamos jodidas.

 

Pasa el tiempo, las arrugas,

las canas.

Pasa el alquiler, las facturas,

los hijos, las ganas.

 

Pasan los silencios, las ausencias,

las guerras, el hambre. 

La desidia, el llanto,

la pena y la angustia.

 

Pasa y pesa

el mundo que no cesa,

me asfixia, me ahoga,

mientras la vida pelea

por respirar y ser vivida

entre tanto desastre.

 

 

El tiempo, el maldito tiempo.



El maldito

tic tac.

 Miramos a otro lado, deslizamos, subimos, bajamos,

corazones, fueguitos, caras sonrientes...


¿Nadie ve que el mundo está en llamas?


No soy capaz de encontrar la paz

entre el ruido de nuestro silencio.


¿Hay alguien al volante?


Nos creímos mejores.


El tiempo 

nos ha quitado

la razón y los motivos.


Libre de culpa

No sirve de nada disfrazar la emoción pura, desnuda. 

Es inevitable la carga emocional que suponen ciertos contextos, 

y sobre todo ciertas palabras. 


Verbalizar, exteriorizar y transitar es la única forma de sanar. 


También es aceptar cómo y quiénes somos. 

Sin vergüenza y, mucho menos, culpa. 


Aun siendo conscientes de ello, nos fustiga esta sensación,  

esta resaca emocional. 


No dejó de ser una liberación dejar salir, 

y sentir los abrazos verdaderos, el abrigo de la comprensión. 


Sentirme escuchada, a través de otra voz, 

siendo respetada la emoción. 


Se ha parecido mucho a despertar, a redimirme, 


a una catarsis.