Libre de culpa

No sirve de nada disfrazar la emoción pura, desnuda. 

Es inevitable la carga emocional que suponen ciertos contextos, 

y sobre todo ciertas palabras. 


Verbalizar, exteriorizar y transitar es la única forma de sanar. 


También es aceptar cómo y quiénes somos. 

Sin vergüenza y, mucho menos, culpa. 


Aun siendo conscientes de ello, nos fustiga esta sensación,  

esta resaca emocional. 


No dejó de ser una liberación dejar salir, 

y sentir los abrazos verdaderos, el abrigo de la comprensión. 


Sentirme escuchada, a través de otra voz, 

siendo respetada la emoción. 


Se ha parecido mucho a despertar, a redimirme, 


a una catarsis. 

Sans Lumiere


A medida que van pasando los años,

siento ese maldito frío en los huesos cada vez más a menudo.

Tiene que ver con cómo me trato: sin ternura, sin abrazo...

Siento también que ya no formo parte de muchas cosas.



No soy reticente al cambio, tampoco a crecer,

ni a la soledad,

pero sí que es cierto que cada vez los abrazos cotidianos son los menos,

los vínculos se descuidan 

y la intensidad con la que percibo la realidad tampoco ayuda.



¿Y si asumes que tú también has cambiado?



Lo que duele de los demás, es reflejo de lo que duele dentro de una misma,

de las propias heridas, aún de manera inconsciente.




Tu oscuridad ocupa demasiado espacio en ti
y puede que sea ella la que te hace sentir invisible.