siento ese maldito frío en los huesos cada vez más a menudo.
Tiene que ver con cómo me trato: sin ternura, sin abrazo...
Siento también que ya no formo parte de muchas cosas.
No soy reticente al cambio, tampoco a crecer,
ni a la soledad,
pero sí que es cierto que cada vez los abrazos cotidianos son los menos,
¿Y si asumes que tú también has cambiado?
Lo que duele de los demás, es reflejo de lo que duele dentro de una misma,
de las propias heridas, aún de manera inconsciente.
de las propias heridas, aún de manera inconsciente.
Tu oscuridad ocupa demasiado espacio en ti
y puede que sea ella la que te hace sentir invisible.